Por MARTIN MENDINUETA
En plena cuenta regresiva hacia el partido más importante en lo queda del año, Gimnasia debe serenarse y activar los parámetros de la autocrítica, tanto en lo futbolístico como en lo disciplinario. No perdió ante Boca por fallas de Jorge Baliño. Echarle la culpa al árbitro sería como “mentirse frente al espejo”. ¿Con qué sentido? ¿Para qué le serviría?
Perdió porque extravió súbitamente el control de sus emociones y, al mismo tiempo, porque el equipo del mellizo Guillermo tiene un buen funcionamiento de ataque basado en la jerarquía individual de quienes lo integran. Defendiendo no es gran cosa, pero cuando ataca, lastima.
Así como cuando llegó para reemplazar a Pedro Troglio, Gustavo Alfaro leyó y escuchó elogios sobre su perfil de entrenador, que hacían hincapié en su vasta experiencia, imagen confiable y probados conocimientos para organizar planteles no tan ricos; ahora, que su equipo viene mostrando un rendimiento que no genera entusiasmo en los hinchas, debiera modificar aspectos de su propuesta ofensiva.
LE SOBRAN eNGANCHES, PERO “INVENTA” A CARRERA
Gimnasia tiene tres generadores de juego que pueden moverse por el eje central del campo (Lucas Lobos, Lorenzo Faravelli y Darío Bottinelli). Los dos últimos fueron pedidos por el director técnico (uno para que siguiera en el club y el otro para que viniera desde México), y el primero tan sólo aceptado ante la insistencia de los dirigentes. Sin embargo, Alfaro prefiere ubicar allí a Ramiro Carrera. Ya lo había hecho frente a Huracán y aquella vez quedó claro que el platense no consigue mostrar su mejor versión jugando como una especie de enganche. El último domingo el DT insistió y Carrera, que se hizo notar en varias apariciones, siempre lo logró por sus ganas y a pesar de la posición que le había asignado. Es evidente que no se siente cómodo en ese puesto.
El ataque del Lobo hoy no conforma. Ataca poco, muy poco, y cuando lo hace no tiene la fluidez necesaria como para inquietar a la defensa rival. Quizás la inclusión de un enganche típico (el que más conforme al entrenador), y corriendo a Carrera (cuando cumpla la sanción que le imponga el Tribunal de Disciplina) hacia una de las bandas, podría encontrar parte de la solución. Claro, para eso deberá resignar a un mediocampista e Imperiale, a pesar de su generoso despliegue, sería el principal candidato a salir.
NO PUEDE VOLVER A PASAR
Aún creyendo que tuviera la razón, Ramiro Carrera debió medir su protesta. Sin sentido cruzó un límite que perjudicó tanto a él como a sus compañeros. El deberá estar algunas fechas afuera y el equipo se desmoronó por completo. Fue un error del que tiene que aprender para no repetirlo.
Perdiendo uno a cero y con un hombre menos, Alfaro también se derrumbó. Eso es grave. El tres a cero lo dejó sin capacidad de reacción. ¿Por qué no hizo cambios en el entretiempo? ¿Acaso no podría haber intentado con mayor convicción ir en busca de un gol de descuento?
Carrera puede equivocarse, el equipo puede caerse, pero él no. Es el tutor del grupo. Si él luce resignado, ¿qué queda para el resto?
La semana que viene Gimnasia tendrá que presentarse en Salta frente a San Lorenzo. Le queda algo más de una semana para cambiar y para trabajar las variantes que decida. Atacar más y mejor es el principal reclamo de su gente. Por momentos, y especialmente frente a Independiente, se notó al técnico obsesionado por defender, con un exceso de cautela; pensando casi exclusivamente en neutralizar al rival. Pareció demasiado y a muchos hinchas ese modo de pararse en la cancha no les gustó.
Por eso, Gimnasia tiene que aprovechar el tiempo para repasar lo que viene haciendo. Mirarse al espejo. Y no mentirse. La culpa no la tuvo Baliño.
SUSCRIBITE a esta promo especial